domingo 29 de enero de 2006

Hay peor sordo que el que no quiere oír;
aquel que por una oreja le entra y por otra se le va
(Baltasar Gracián)

 CRONICA
SOBERANIA / DIVIDIDA HASTA LA IGLESIA
LOS ARCHIVOS QUE CATALUÑA NO DEVUELVE

SON 112 OBRAS de arte de incalculable valor que el obispado de Lleida, con la complicidad de la Generalitat, que las tiene catalogadas como propias, se niega a devolver a parroquias de Aragón. El Vaticano ha ordenado reiteradamente su restitución

ANA MARIA ORTIZ

Ellos ya tienen los papeles de Salamanca, ahora que devuelvan lo que no es suyo.

- Es que los catalanes se rigen por la ley del embudo: lo ancho para mí y lo estrecho para ti. Lo que es de ellos es de ellos y lo que es de los demás también es de ellos.

- Diez años lleva la Santa Sede diciéndole al obispo de Lérida que las obras de arte son nuestras, que nos las den, y ni caso.

- ¡Qué ejemplo está dando el obispo a los fieles desobedeciendo al Vaticano!

En Monzón, 16.000 habitantes, Huesca, no hay voz que prefiera no pronunciarse cuando se menciona el asunto del arte sacro. La conversación reproducida, que tenía lugar el jueves por la mañana en la peluquería de María del Mar, se repite en los mismos términos en la charcutería de la calle Joaquín Costa, entre los que pasean por los aledaños de la catedral, en las mesas de la cafetería Niza... Saber que los papeles de Salamanca, que camino de Barcelona pasan a sólo 60 kilómetros de aquí, sí vuelven a sus primeros dueños, enciende aún más el tono de las palabras: «Lo que teníamos que hacer es asaltar el obispado de Lleida», dice Pilar, una vecina que ya ha cumplido los 50.

Entre las obras que reclaman a Cataluña los de Monzón y alrededores, bautizadas como los bienes de la Franja, están un cuenco árabe (rarísimo) del siglo XIV, el frontal de la iglesia de Buira (siglo XII), el de San Vicente de Tresserra (XIII), la virgen de Zaidín (XIV)... Ubicadas originariamente en pueblos oscenses, algunas piezas salieron de sus parroquias a finales del siglo XIX cuando el obispo Messeguer y Costa, preocupado porque el arte religioso de su diócesis se deteriorara o fuera vendido o robado, fue buscando las obras pueblo por pueblo. Las creaciones más significativas las recogió y depositó en el Museo Diocesano de Lleida, que él mismo fundó en 1893 y donde se han conservado hasta ahora. Allí fueron a parar también las obras de las iglesias oscenses que quedaron vacías tras la emigración de los 60.

De este legado artístico no se volvió a hablar más hasta 1995.Ese año, el Vaticano decidió que las 111 parroquias de Huesca, castellano parlantes, que formaban parte de la Diócesis de Lleida -Binaced, Capella, Buira, Caserras, Centenera, Fraga, Monzón, Nachá...- se separaran de ésta y pasaran a formar parte de la de Barbastro, en Aragón. Los oscenses no pusieron impedimento a la mudanza, pero pidieron que los de Lleida le dieran sus muebles. Es decir, su arte.

«Comparados con Cataluña, ¿qué poder tenemos nosotros para presionar y conseguir que nos las devuelvan?», se lamenta Juan, el miembro de Cáritas de Monzón que abre a CRONICA las puertas de un museo huérfano. Una estancia diáfana de 400 metros cuadrados y paredes vacías que, acondicionada expresamente para albergar los bienes de la Franja, lleva más de un lustro esperando que los de Lleida cumplan las sentencias del Vaticano.

Tras la primera negativa del obispado de Lleida a desprenderse de las obras, los de Barbastro pidieron a la Santa Sede que hiciera justicia. El Nuncio del Vaticano en España, la Congregación de los Obispos, la Signatura Apostólica... Una década de pleitos en la que todos los tribunales eclesiásticos, uno tras otro, le han ido dando la razón a los de Aragón. «El máximo organismo judicial del Vaticano ha intervenido tres veces, siempre a favor de la devolución. ¿Qué más quieren estos buenos señores?», se pregunta Enrique Calvera, delegado de Patrimonio de la diócesis Barbastro-Monzón. Si el obispado de Lleida y la Generalitat -que catalogó las piezas como patrimonio propio en 1997, dos años después de iniciarse el conflicto- no devuelven las obras, el obispado de Barbastro recurrirá a la justicia ordinaria.

Están en disputa 112 piezas, algunas de valor incalculable.[No son 113, como se ha difundido erróneamente hasta ahora. Enrique Calvera, encargado del recuento de las obras, reconoce que se equivocó en la suma].

«¿Que tal, cómo van los bienes, que hace mucho que no le pregunto?», le inquiere a Enrique Calvera un vecino de Barbastro con el que se cruza por la calle. Los habitantes de las localidades con obras en Lleida se han implicado en la reclamación y no hay local comercial en la zona donde no se ofrezcan postales con reproducciones de las piezas ausentes.

El Cha (Chunta Aragonesista) ha distribuido 120.000 estampas con la reivindicación ya impresa para que los vecinos sólo tengan que franquearlas. «Arriba, los compañeros, que ya ha llegado la hora de tener en nuestras manos lo que nos quitan de fuera (José A. Labordeta)», se lee en las postales dirigidas a los presidentes de los Gobiernos catalanes y aragonés. Este último, Marcelino Iglesias, le ha pedido al Gobierno Central que resuelva el asunto como ha hecho con el Archivo de Salamanca. Y si Madrid no zanja el litigio, los de la diócesis de Barbastro-Monzón se manifestarán en Lleida.

Con todo, es el párroco y canónigo de Monzón, José Huerca, quien se ha erigido en el héroe popular de protesta. En la zona no se habla de otra cosa que de la dura carta abierta que el pasado 16 de enero dirigía a Monseñor Ciuraneta, el obispo de la diócesis de Lérida. «Hablando mal, el párroco de aquí ha tenido un par», resume José, uno de sus feligreses. «El pueblo agradece la valentía del párroco», ha titulado en portada La Crónica de Monzón su número de enero. No hay vecino del pueblo que no tenga en casa una copia del texto y lo aplauda.

En él, Huerca dice, sin paños calientes, que se avergüenza de la conducta del obispo de Lleida, que su actitud está lesionando la credibilidad de la Iglesia católica, que la división de la diócesis obedeció a un mero interés nacionalista... «Usted pasará a la historia como el pastor que antepuso otros intereses a la obediencia a la Santa Sede despreciando y humillando a los que tanto contribuyeron al engrandecimiento y a la conservación de la muy amada Diócesis de Lérida», acaba su misiva.

Con información de José Manuel Vidal


LAS PIEZAS MAS VALIOSAS

- Frontal de San Hilario. De madera tallada pintada al temple, data del siglo XIII. Procedente de Buira.

- Frontal de San Vicente. Pintura al temple de huevo con corladura sobre tabla, del siglo XIII. Originaria de Tresserra.

- Tabla de San Blas. Pintura al temple sobre madera, de mediados del XV; de Algayón.

- Virgen del niño con pajarillo. Escultura en piedra policromada y dorada del XIV; de Zaidín.

- Arqueta del s. XIV. De madera estucada y policromada, con cantoneras de chapa y herrajes de forja. Procedente de Buira.

- Cuenco árabe del siglo XIV. De estaño, con inscripción árabe («Allah es el Señor»), es una pieza única. De Benavente de Aragón.

- Tabla de San Martín. Pintura a la témpera sobre madera, del siglo XV; de Lascuarre.

- Retablo de San Cristóbal. Pintura al temple sobre madera, del siglo XV; de Santaliestra.